Pensar la crítica

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Pensar la crítica1

Juan Muiño Orlando

Soy un artificiero. Fabrico algo que sirve, en definitiva, para un cerco, una guerra o una destrucción. No estoy a favor de la destrucción, sino de que se pueda seguir adelante y avanzar, de que los muros se puedan derribar.
Michel Foucault, Soy un artificiero, 1975.

Si hay algo que Foucault nos legó es una actitud crítica que, considero, incluso trasciende las coordenadas específicas del método arqueológico y la finalidad genealógica de su proyecto, aquel que, tardíamente, el propio Foucault denominó ontología crítica de nosotros mismos. Quisiera que entremos al asunto de la crítica considerando que, ante todo, lo que está implicado aquí es una impronta. Una impronta crítica que es también la orientación general del proyecto de Foucault y que, según él, se nos presenta como la prolongación de una actitud crítica propia de la filosofía moderna legada de Kant.

1. Criticar. La crítica como actitud

Para empezar, me voy a centrar en la noción de crítica con la que trabaja Foucault, su caracterización y su situación con relación a la filosofía moderna. De modo que se vea la manera en que la función y la actitud crítica se relacionan con lo que Foucault esbozó a propósito de la vida no-fascista.
Bajo el pseudónimo de Maurice Florence, un alter ego fabricado por el propio Foucault para intervenir en un diccionario filosófico en el que se incluiría la entrada “Foucault”2, Foucault se refirió a su propio trabajo con estas palabras: “Si cabe inscribir a Foucault en la tradición filosófica, es en la tradición crítica de Kant y podría denominarse su empresa Historia crítica del pensamiento”. Esto no es una novedad de este breve texto de falsa autoría, sino algo sobre lo que Foucault ha insistido en distintos lugares.
La foucaultiana es una empresa crítica de inspiración kantiana, pero irónicamente no como continuación de las críticas de Kant, que toman la forma de la crítica del conocimiento, de su legitimidad y de sus límites, sino con relación al examen que hace Kant de la Aufklärung, donde se esboza la crítica como una actitud, una actitud vinculada al uso de la razón, a su ejercicio, a su práctica. 
Foucault3 ve en la Aufklärung kantiana un tipo de interrogación filosófica para problematizar nuestra relación con el presente, para interrogar el modo de ser histórico y la constitución de sí mismo como sujeto autónomo. Esta actitud crítica no se trata entonces de la fidelidad a una doctrina sino a la reactivación de una actitud, un éthos filosófico caracterizado como crítica permanente de nuestro ser histórico; esto es lo que Foucault nombra ontología crítica de nosotros mismos. Quiero destacar, aunque sea al pasar que este nosotros mismos habría que entenderlo en oposición al humanismo, en la medida en que el sí mismo para Foucault no es una ni una esencia ni una estructura, no es una realidad dada de antemano, sino que es una relación, un conjunto de relaciones: las relaciones con uno mismo.
La crítica se trata, entonces, de una prueba histórico-práctica de los límites franqueables, como el trabajo de nosotros mismos sobre nosotros mismos. Este éthos filosófico y la actitud crítica que lo caracteriza deben ser pensados como una actitud límite; es decir, ni adentro ni afuera. Dice Foucault: “Hay que escapar de la alternativa de afuera y adentro, es preciso estar en las fronteras”4, no por cualquier motivo sino porque la crítica es el análisis de los límites, es la reflexión sobre ellos. No ya como un modo de establecer la limitación necesaria de una interioridad que se critica sino como forma de establecer el franqueamiento posible de ese adentro.
No obstante esto, “[la crítica es] una función que ocupa una posición subordinada respecto de lo que constituyen positivamente la filosofía, la ciencia, la política, la moral, el derecho, la literatura, etc.”. En el sentido de que “[la crítica] es una mirada sobre un dominio donde sin duda le gusta hacer de policía y donde no es capaz de hacer la ley”5, es decir, obedece a una ley elaborada en otro ámbito que el suyo propio.
En suma:

La ontología crítica de nosotros mismos se ha de considerar no ciertamente como una teoría, una doctrina, ni tampoco como un cuerpo permanente de saber que se acumula; es preciso concebirla como una actitud, un éthos, una vida filosófica en la que la crítica de lo que somos es, a la vez, un análisis histórico de los límites que se nos han establecido y un examen de su franqueamiento posible6.

Emerge así otro rasgo de la crítica que podemos subrayar, se refiere a su relación con la verdad: “la crítica es el movimiento por medio del cual el sujeto se atribuye el derecho de interrogar a la verdad”, interrogarla sobre sus efectos de poder y, a su vez, de interrogar al poder sobre sus discursos de verdad. La crítica tiene por función esencial la desujeción en el juego de la política de la verdad e interviene el juego de esta política en cuanto tiene por consigna “no aceptar por verdadero lo que una autoridad nos dice que lo es”7, es decir, no aceptarlo por el recurso a la autoridad, sino que, en caso de aceptar algo por verdadero lo hagamos porque consideremos buenas las razones para hacerlo (nótese como se luce así el principio kantiano de la Aufklärung). La crítica es a la vez un cuestionamiento de la autoridad y un desplante a la certidumbre y a la verdad que en ella se fundan. Y tendríamos que incluir aquí, por supuesto, el cuestionamiento y la desconfianza a la autoridad del Yo sobre la psykhé, a la autoridad de la conciencia sobre el sí mismo. Este es, por cierto, un rasgo de la crítica que la pone contra el fascismo, si como escribió el propio Foucault: despojar del valor de verdad a la práctica política, quitarle a la acción política la Verdad como el criterio que la legitima, es un rasgo de la vida no-fascista.
Comento al pasar que la actitud crítica hereda de la Aufklärung otro rasgo asimilable a la vida no-fascista: el de la “desindividualización” por vía de la multiplicación, el desplazamiento y el agenciamiento de diferentes formas. La actitud crítica de la Aufklärung es un proceso del que se es a la vez elemento y agente, un proceso del que se forma parte colectivamente y un acto de valor que se ha de efectuar personalmente8, no es un lazo orgánico, una doctrina, que une jerárquicamente a los individuos.
Agrego para terminar esta lista sucinta de tres rasgos no-fascistas de la crítica, el hecho de que no se basa en ningún recurso fundador, ninguna forma pura: esa actitud crítica, como análisis histórico-filosófico, “debe mantenerse en el campo de inmanencia de las singularidades [históricas] puras”9. La crítica foucaultiana se erige “en oposición a una génesis que se orienta hacia la unidad de una causa de principio”10, oponiéndose a un arkhé, contraviniendo un origen, lo cual parece un recurso legítimo si lo que se busca es contrariar al fascismo.
En conjunto, la crítica se establece como la contraparte del arte de gobernar, ella es su adversario, es una forma de recusar y desconfiar de él, de limitarlo y transformarlo: es el arte de no ser gobernado, de no ser gobernado de esa manera, arte de no ser tan gobernado; es el arte de la inservidumbre voluntaria y la indocilidad reflexiva: “¿Cómo no ser gobernados de esa manera, por esas personas, en nombre de esos principios, en vista de determinados objetivos y por medio de determinados procedimientos, no de esa manera, no para eso, no por esas personas?”11. No se trataría, entonces de un anarquismo fundamental, de una libertad original reacia en esencia a todo gobierno (aunque Foucault dice no excluirla), sino de una especie de libertad determinada o sería mejor decir relativa, relativa siempre a un modo particular de gobierno.

2. La crítica de la crítica: pensar y hablar de la crítica.

Para avanzar sobre muchos de los puntos que mencionamos hasta aquí, Foucault se preguntó ¿qué es la crítica?, o en otro momento y, con otras palabras, ¿qué es la Ilustración? Quisiera avanzar hacia otro lugar y para eso quisiera cambiar la pregunta: ya no qué es la crítica, sino cómo pensar la crítica y cómo hablar de la crítica. Me interesa explorar hacia dónde nos pueden llevar estas preguntas y a la vez preguntarnos si Foucault nos ha dotado de un lenguaje y un pensamiento que nos permita avanzar sobre ellas.
No sólo hacer la crítica, para lo que Foucault ha elaborado un buen número de herramientas, sino volver reflexivamente sobre la crítica en tanto tal. Para eso, para volver reflexivamente sobre la crítica, me pregunto si acaso nos hace falta no una teoría y mucho menos una formalización de la crítica, pero sí dotarnos de un lenguaje y de un pensamiento para poder pensarla y para poder hablar de ella sin positivizarla, es decir sin ahuyentar lo que tiene de más propio, de más disruptivo y resistente.
Acaso no sería esto una manera de cuestionarnos cómo, de qué forma volver críticamente sobre la crítica, avanzar en una especie de retorno de la crítica sobre sí misma, una manera de preguntarnos por una vuelta crítica sobre la crítica. Para decirlo sin rodeos, ¿acaso no sería provechoso avanzar hacia una crítica de la crítica? Y para hacer eso, ¿qué pensamiento y qué lenguaje tenemos?
Lo que quiero señalar entonces no es la necesidad de avanzar hacia una teoría formal de la crítica sino de preguntarnos cómo, con qué pensamiento y con qué lenguaje, avanzar hacia una crítica de la crítica.
Foucault señaló que “el pensamiento del pensamiento, toda una tradición más antigua todavía que la filosofía nos ha enseñado que nos conducía a la interioridad más profunda” y, de forma novedosa, en el mismo lugar señaló que, “la palabra de la palabra nos conduce por la literatura, pero quizá también por otros caminos, a ese afuera en donde desaparece el sujeto que habla”12. En vistas de esto entiendo que es pertinente preguntarnos hacia dónde puede conducirnos una crítica de la crítica.
Por cierto, esto no es del todo disonante con la ontología foucaultiana. No solo por el hecho un poco grotesco y pueril de sostener así la actitud crítica hasta las últimas consecuencias, es decir de sostenerla incluso frente a la crítica misma. Sino que no es del todo disonante por una razón que considero mucho más interesante: si como dice Foucault la interrogación crítica del presente constituye la matriz propia del modo de ser moderno, si la crítica es constitutiva de nuestro modo de ser histórico, la ontología de nosotros mismos debe incluir en su proyecto una crítica de la crítica, en tanto que aquella es constitutiva del nosotros mismos.
Para seguir en esta dirección retomemos uno de los rasgos de la crítica que subrayamos antes: su carácter límite, ni adentro ni afuera. Fijémonos en que esto sitúa a la crítica en ese lugar límite entre el adentro profundo del pensamiento del pensamiento y el afuera puro de la palabra de la palabra. Ya decía Foucault que la interioridad del “pienso” -el pensamiento del pensamiento- conducía a la certidumbre indubitable del Yo y de su existencia -para figurarnos esto bien se puede recordar el cogito cartesiano-; el “hablo”, la palabra de la palabra -esa forma que Foucault vio en la literatura de Blanchot, la forma de una literatura (una letra, una palabra) que habla de la literatura (de la letra, de la palabra)-, el “hablo”, “aleja, dispersa, borra esa existencia y no conserva de ella más que un emplazamiento vacío”13, desarticula al Yo, desarticula la existencia de una conciencia existente para sí, haciéndola desaparecer, vaciando su existencia y desarticulando sus contornos.
Podemos preguntarnos lo siguiente, ¿esto coloca a la crítica en un justo medio entre el “pienso” y el “hablo”, entre una experiencia del adentro y una experiencia del afuera, transformándose en una especie de hibridación equilibrada de ambas? No, nada de eso. Insisto: ni adentro ni afuera no adentro y afuera. Diría más bien que una crítica de la crítica nos indicaría que ella tiene por función dislocar la interioridad misma y su pretensión de cerrar fronteras y salvaguardar un adentro. Lo hace borrando el espacio que separa el adentro y el afuera, borrando ese lugar límite en el que ella misma habita, haciendo de su lugar un lugar no-espacial. La crítica al fundar su discurso en un desplante a la verdad repliega o hace desaparecer el territorio en donde su disputa -la de la verdad- se desplegaría. La crítica se desterritorializa, hace de su lugar un lugar no-espacial y con ello disloca el espacio del adentro. Parece ser que esta la forma que toma aquella función esencial de la crítica a la que se refería Foucault: la desujeción en el juego de la política de la verdad.
Digamos, en una palabra, que la crítica está inervada por la forma in-forme de una experiencia del afuera, aunque ese no sea el lugar que ella habita per se sino solo de un modo evanescente, como canal, como conducto que se abre desapareciendo y agujereando la interioridad cerrada (o la ficción de su encierro). Es pensarla en relación al afuera lo que satisface la condición esencial de la crítica como desplante de la verdad, como desarticulación de la certidumbre de la existencia, de ese lugar límite que se vacía. Y, en este sentido, creo que algo del pensamiento del afuera nos es útil para pensar y hablar de la crítica, para proyectarla desde y hacia el espacio vacío del afuera. Conviene el pensamiento del afuera en la medida en que el discurso que elabora “se presenta sin conclusión y sin imagen, sin verdad ni teatro, sin argumento, sin máscara, sin afirmación, independiente de todo centro”14, al decir de Foucault.

Este pensamiento que se mantiene fuera de toda subjetividad para hacer surgir como del exterior sus límites, enunciar su fin, hacer brillar su dispersión y no obtener más que su irrefutable ausencia, y que al mismo tiempo se mantiene en el umbral de toda positividad, no tanto para extraer su fundamento o su justificación, cuanto para encontrar el espacio en que se despliega, el vacío que le sirve de lugar, la distancia en la que se constituye y en la que se esfuman, desde el momento en que es objeto de la mirada, sus certidumbres inmediatas, – este pensamiento, con relación a la interioridad de nuestra reflexión filosófica y con relación a la positividad de nuestro saber, constituye lo que podríamos llamar en una palabra “el pensamiento del afuera”15.

En este punto resaltemos un rasgo de la crítica foucaultiana que quizá no hemos sabido ponderar lo suficiente todavía: “la crítica solo existe en relación con algo distinto de ella: es instrumento, es medio para un por venir o una verdad que ella no conocerá y no será”16. La crítica foucaultiana nace en los confines de la filosofía, forma parte de ella y a la vez no forma parte de ella, se levanta muy en su contra (recordemos aquí que Foucault se definía como crítico, no como filósofo) pero también en dirección a ella; se levanta en dirección a ella, ahora bien, a una  “filosofía por venir (…) en lugar de toda filosofía posible”17.
Esto es importante. El lugar de la crítica, ese lugar límite, ni adentro ni afuera. Ese lugar evanescente no-espacial, parece ser más bien el lugar de una temporalidad, la apertura a lo por venir, de modo que este juego entre afuera-límite-adentro antes que una estructura espacial se manifiesta como un lugar temporal. Una vez situado este lugar temporal, el de una crítica direccionada hacia una filosofía por venir, la música podría ayudarnos a pensar la crítica, las disonancias que produce, sus silencios, las tensiones que genera, las modulaciones que conduce. Volcada hacia la dirección del por venir, la interioridad agujereada no accede a la abertura del afuera “pues el afuera no revela jamás su esencia, no puede ofrecerse como presencia positiva sino únicamente como la ausencia que se retira lo más lejos posible de sí misma y se abisma en la señal que se emite para que se avance hacia ella, como si fuera posible alcanzarla”18.
Quiero señalar que aquí reaparece la Ley. Aquella que, como decíamos al principio, gobierna la función policíaca de la crítica aunque no es elaborada por ella. Sólo que lo que reaparece es una incorporación de la Ley en la que, “mucho más que el principio o la prescripción interna de las conductas, es el afuera que las envuelve, y por ahí las hace escapar a toda interioridad”19. Si la ley a la que obedece la crítica es producida en otro lugar, ese otro lugar ya no es un ámbito instituido sea filosófico, científico, político, o al menos no en su sentido institucional/instituido, porque estos solo pueden ser los ámbitos en los que la Ley se confecciona como señal positiva. Y sin embargo, no estamos intentando pensar la dimensión positiva, prescriptiva, de la crítica: estamos intentando pensar la actitud crítica como apertura no la crítica como doctrina. Para pensar el afuera Foucault decía que la Ley asedia: a las ciudades, a las instituciones, a las conductas, a los gestos, a la interioridad y, agreguemos, a la crítica en la justa medida en que la Ley abre “a su alrededor un espacio de malestar, de insatisfacción, de celo multiplicado”20. En ese lugar límite en el que la Ley reaparece, en esa incorporación policíaca que es también la crítica, lo que reaparece es el afuera envolvente que asedia al adentro, que espectrea a la interioridad. Esa Ley se elabora (aunque usar esa palabra sea ya un exceso), esa Ley se elabora en ese otro lugar, no-espacial, temporal, lugar que se manifiesta antes como asedio y que está después como filosofía por venir, lugar imposible que introduce una disyunción en el tiempo desde el que la crítica se agita, se inquieta, se abre y permea la clausura del adentro.

  1. Presentado en la mesa de debate “Foucault 40 años después: el legado” en el encuentro “La vida no-fascista” en Casa de Filosofía, el 30 de noviembre de 2024. ↩︎
  2. Huisman, D. (comp.). Dictionnaire des Philosophes, 1984. París, PUF. ↩︎
  3. Foucault, M. ¿Qué es la Ilustración? En Obras Esenciales, Paidós, Barcelona, 2023[1984], p. 984. ↩︎
  4. Ibid., p. 986. ↩︎
  5. Foucault, M. ¿Qué es la crítica? Siglo XXI, Buenos Aires, 2018[1978], p. 46. ↩︎
  6. Foucault, M. ¿Qué es la Ilustración? En Obras Esenciales, Paidós, Barcelona, 2023[1984], p. 989. ↩︎
  7. Foucault, M. ¿Qué es la crítica? Siglo XXI, Buenos Aires, 2018[1978], pp. 51-52. ↩︎
  8. Foucault, M. ¿Qué es la Ilustración? En Obras Esenciales, Paidós, Barcelona, 2023[1984]. ↩︎
  9. Foucault, M. ¿Qué es la crítica? Siglo XXI, Buenos Aires, 2018[1978], p. 69. ↩︎
  10. Ibid., p. 69. ↩︎
  11. Ibid., p. 49. ↩︎
  12. Foucault, M. El pensamiento del afuera. Pre-Textos, Valencia, 2004[1966], pp. 13-14. ↩︎
  13. Ibid., p. 13. ↩︎
  14. Ibid., p. 31. ↩︎
  15. Ibid., pp. 16-17. ↩︎
  16. Foucault, M. ¿Qué es la crítica? Siglo XXI, Buenos Aires, 2018[1978], p. 46. ↩︎
  17. Ibid., p. 46. ↩︎
  18. Foucault, M. El pensamiento del afuera. Pre-Textos, Valencia, 2004[1966], p. 34. ↩︎
  19. Ibid., p. 45. ↩︎
  20. Idem. ↩︎

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