Problematización de la vida no-fascista
Marcelo Real
Ocupaciones
A los veinticuatro años, el artista alemán Anselm Kiefer, nacido unos meses antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, expuso en 1969 una serie de fotografías en las que posaba haciendo el saludo fascista1. Algunas fotos fueron tomadas por ciudades de Suiza, Francia e Italia, otras en su propio estudio (en el que aparece incluso dragueado con vestido de mujer2).


En esas primeras imágenes, a las que llamó “Ocupaciones” (en alemán, Besetzungen), quería plantearse a sí mismo la siguiente pregunta: ¿soy fascista? Cuestión demasiado crucial como para contestarla a la ligera. “La autoridad, el espíritu competitivo, el sentimiento de superioridad… son diferentes facetas de mí mismo, así como de cualquiera… Decir soy esto o aquello es demasiado simple.”3 Primero quería atravesar la experiencia, para recién luego responder. “Quería ver detrás del fenómeno de la apariencia fascista, tras su superficie, qué significa para mí mismo el abismo del fascismo. Porque esta historia es parte de la realidad, es también parte de mi auto-descubrimiento… Quería representar lo inimaginable en mí.”4 Para captar de dónde venía, había sentido la necesidad de meterse en la piel de un nazi, vistiendo el uniforme militar de su padre (de la Wehrmacht, las fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi entre 1935 y 1945). Se cuestionaba así sobre el rol que él mismo hubiera jugado si hubiese nacido unos años antes. “El Tercer Reich ejercía una fuerte fascinación sobre mí. Tanto atracción como repulsión, las dos.”5 “No me identifico con Nerón ni con Hitler… pero debo recorrer un pequeño tramo del camino con ellos para comprender la locura. Es por eso que hago estos intentos de volverme fascista.”6 No solo estaba en juego conocerse a sí mismo, sino también un devenir-sensible: en el sentido del acto por el cual alguien se vuelve otro sin dejar de ser lo que es. Performance incómoda, polémica, osada. Sírvanos de punto de partida para problematizar “la vida no-fascista”.
Lo infinitesimal
La expresión viene del prefacio que Foucault escribió en 1977 para la edición estadounidense de El Anti Edipo, texto que Deleuze y Guattari habían publicado en París cinco años antes. Lo presentaba como un libro de ética, como una “Introduction to the Non-Fascist Life”7 −en alusión expresa a La introducción a la vida devota escrita a principios del siglo XVII por uno de los grandes maestros franceses de la dirección espiritual: San Francisco de Sales8. Foucault escribía allí: “¿Cómo evitar ser fascista, aun (especialmente) cuando uno cree ser un militante revolucionario? ¿Cómo librar nuestros dichos y nuestros actos, nuestros corazones y nuestros placeres, del fascismo? ¿Cómo revelar y poner en evidencia el fascismo arraigado en nuestra conducta? Los moralistas cristianos buscaban las huellas de la carne alojadas en lo más profundo del alma. Deleuze y Guattari, por su parte, persiguen los rastros más tenues de fascismo en el cuerpo.” El filósofo subrayaba que en torno a esta problemática había emergido un nuevo estilo de vida (life style, en inglés), un arte de vivir (art of living), una manera de vivir (way of living) no-fascista −lo que guarda estrecha relación con lo que en otro lugar llamará “ética y estética de sí”.
No es extraño situar el problema a ese nivel, teniendo en cuenta que, en 1932, Mussolini y el filósofo italiano Giovanni Gentile habían presentado al fascismo como una etica y un stile di vita, es decir, como una forma de vida “seria, austera, religiosa […]: enteramente librada en un mundo sostenido por las fuerzas morales y responsables del espíritu. El fascista desprecia la vida cómoda, ama la vida, ignora y considera cobarde el suicidio; comprende la vida como deber, elevación, conquista; la vida que ha de ser alta y plena: vivida por sí, pero sobre todo por los otros, próximos o lejanos, presentes y futuros.”9 Su doctrina apuntaba claramente a una forma-de-vida, incluso distinguiéndola de manera explícita de algo que hoy llamaríamos “nuda vida”: el fascismo, planteaban, “niega la ecuación bienestar-felicidad que convertiría a los hombres en animales preocupados tan sólo de una cosa: estar bien alimentados y gordos y, por lo tanto, reducidos a mera y simple vida vegetativa.”10
Lo cierto es que esta cuestión recorre El Anti Edipo fundamentalmente a través de la “catexis libidinal inconsciente de tipo fascista”, distinta de la catexis de tipo revolucionario11. A propósito de esto, catexis es la traducción del francés investissement (inversión) que, a su vez, traduce el término freudiano Besetzung (también traducido como investidura) y que coincide con la palabra en alemán que Kiefer empleó para titular su performance (Besetzung se traduce entonces como catexis, carga −libidinal− u ocupación)12. Es remarcable que El Anti Edipo insista con que, en un militante revolucionario, “una catexis inconsciente de tipo fascista, o reaccionaria, puede coexistir con la catexis consciente revolucionaria.” A la inversa, puede ocurrir, aunque más raramente, que, en un fascista, “una catexis revolucionaria, al nivel del deseo, coexista con una catexis reaccionaria de acuerdo con un interés consciente”. En 1980, Mil Mesetas retomará este asunto en términos de fascismo molecular: “Es muy fácil ser antifascista al nivel molar, sin ver el fascista que uno mismo es, que uno mismo cultiva y alimenta, mima, con moléculas personales y colectivas.”13
El fascismo molecular no remite a un fascismo más chiquitito que el molar (italiano, español o alemán). No es una noción estadística: si bien es cierto que lo molecular actúa en el detalle y pasa por grupos pequeños, no por ello deja de extenderse por todo el campo social. El fascismo entra por cualquier huequito, mediante procedimientos de normalización, regulación y adaptación, que están ligados tanto al deseo como a las microformaciones de poder que funcionan en la familia y la pareja, en el despacho y en la escuela, en la secta y en la banda, en el pueblo o en el barrio, a nivel urbano o rural, en la derecha, pero también en la izquierda, en el joven como en el viejo militante. Nadie es ajeno a este fascismo erógeno que moldea nuestras actitudes, nuestras posturas, nuestras sensaciones y unas cuántas cosas más.
La alusión al microfascismo ya aparecía en Rizoma14 en marzo de 1976, un poco antes de aquel prefacio de Foucault. Curiosamente, en respuesta a Rizoma, en enero de 1977 saldrá un artículo de Badiou15, con el sugestivo título de “El fascismo de la papa”, en el que, haciendo una crítica abiertamente maoísta, tachará ferozmente a Deleuze y Guattari de “ideólogos pre-fascistas”. El artículo entero es realmente una joyita: sirve, primero, para divertirse un rato −aunque el asunto no deja de ser serio−; y, además, para sopesar el tono de la discusión tal como estalló en su época y, más allá de lo anecdótico de esta rivalidad entre intelectuales, para reparar en las posiciones y las pasiones que este debate puede suscitar. En fin, la noción de microfascismo pretendía dar respuesta al problema de cómo se llega a desear la propia servidumbre y la propia explotación, aunque sin recurrir a los lugares comunes del tipo: las masas sufren pasivamente el poder, quieren ser reprimidas por puro masoquismo o son engañadas a través de una ideología16.
En 1975, la escritora feminista y política italiana Maria Antonietta Macciocchi17 también retomaba esta pregunta problematizando el “consentimiento” femenino dado al fascismo en Italia, España y Alemania y, por ende, el lugar de las mujeres tanto en la antigua como en la nueva vía hacia el fascismo (jamás fue mero asunto de machos). Sostenía, además, que “el fascismo, en su forma típica, puede revelar cómo los distintos poderes intentan hacer uso del proceso inconsciente categorizado por Freud”18: entre otras cosas, mediante la estructuración de un lenguaje, o mejor, de una semiótica femenina que se dirigió a las viudas y las madres de los soldados caídos en la Primera Guerra Mundial19.
Por su parte, Foucault recordaba en un curso de 1975 en São Paulo que el fascismo (histórico) se ha servido de toda una serie de micropoderes20, es decir, de poderes múltiples e infinitesimales, que desde mucho antes ya estaban diseminados por todo el cuerpo social y que han persistido tras la caída de esa formación histórica fascista −de allí la actualidad de esta problemática. En efecto, así como ha utilizado el estatuto de la mujer en la familia como reproductora biológica y esclava doméstica, también se ha servido del encierro manicomial, los mecanismos y las categorías de la medicina y la psiquiatría en relación con las enfermedades o las anomalías (entre otras, de la delincuencia o del sexo)21, el funcionamiento cotidiano del poder en el saber universitario y el conocimiento científico, en las diversas instituciones, o en las divisiones y segregaciones vinculadas con las razas −el fascismo instrumentó en Europa las mismas técnicas que desde hacía siglos ya eran aplicadas sobre los pueblos de las colonias22. En fin, las ideas y los procedimientos de la racionalidad política occidental han funcionado como elementos de base en los que el fascismo se ha apoyado. Por eso, incluso cuando se instala un Estado de (extrema) derecha, necesita que persistan esos micropoderes ya que le proporcionan un medio de acción incomparable sobre las masas.
Fueradentro
Estos análisis producen, así, un desplazamiento o un descentramiento: señalan todo un fascismo capilar que excede los Estados, alcanzando asociaciones, escuelas, partidos, iglesias. Al cineasta italiano Pier Paolo Pasolini le enervaba a tal punto que, bajo la consigna del progresismo, las instituciones republicanas y la denuncia de la extrema derecha o la dictadura, se deslizara un “fascismo de la normalidad” tan a la orden del día en esta sociedad de consumo que, en 1962, llegó a tener la ocurrencia de dirigirles una nueva maldición a aquellos “enemigos burgueses” cuya pertenencia al lado de los buenos les daba carta blanca para lo peor: “Que tus hijos te salgan fascistas, que te destruyan con esas ideas que nacieron de tus propias ideas, con el mismo odio que nació de ese odio que tenés”23. ¡Quien no ha experimentado ese fascismo, el de todos los días, que también se encuentra en los sindicatos alternativos, los colectivos activistas y militantes, autónomos y disidentes que se manejan como una “comunidad terrible”!24 Por más contestataria que dicha comunidad se considere a sí misma frente a la actual democracia bio-psico-socio-política, no deja de organizarse en torno a la figura del cabecilla (el capanga, el que corta el bacalao, incluso del maestro), reinando entre sus miembros la desconfianza y la persecución, el juicio y la superioridad moral, la vigilancia más que el cuidado y la protección, sin mucho lugar para el hablar franco, la singularidad rara ni la irreductible soledad. Y cuando la comunidad misma llega a cuestionar(se) el fascismo que segrega, no es raro que termine reenviándolo a la lógica del pecado menor o venial frente al pecado capital o mortal. En ella también se cumple, de algún modo, el estribillo del sketch humorístico de Peter Capusotto: “un poco de fascismo viene bien”25.
Ahora bien, ¿quién está completamente por fuera de esa lógica terrible? Hay diversas situaciones que emergen en los medios en los que nos movemos, situaciones a veces muy duras, que realmente nos ponen en aprietos. ¿Cómo responder cuando en nuestros colectivos irrumpen la persecuta (ideas locas o vivencias paranoides), el machismo o la toxicomanía? ¿Automáticamente encerramos, cancelamos (escrachamos), expulsamos? No es tan fácil hallar respuestas no convencionales cuando la incoherencia, el runrún (o rumor), los excesos de todo tipo (de poder, eróticos, amorosos…) irrumpen en nuestros lugares o grupos de pertenencia. Tampoco es tan sencillo evitar el gatillo fácil, el dedo acusador, que alimenta la autocomplacencia de estar en el bando moral y políticamente correcto. Es continuamente en los otros que tendemos a representar los nuevos rostros del fascismo26, fijando estáticamente un adentro o un afuera cuando, en realidad, están en cambio permanentemente (más que la geometría euclidiana, es la topología al estilo de la banda de Moebius la que permite dar alguna idea de esta continuidad del adentro y el afuera).
La vida no-fascista advierte que el fascismo corre tanto por fuera como por dentro. Nos habita, por decirlo así, de manera impersonal. Su lengua se escurre entre nosotros, somos hablados por ese discurso del amo que no solo está en nuestra cabeza, sino que recorre todo el cuerpo, moldeando nuestra sensibilidad. La estética fascista está grabada en nuestra piel, la sufrimos en carne propia, pero también gozamos de ella: como decía Keifer, no solo provoca rechazo, sino que también generea atracción. Así como en la vida sexual, los elementos abyectos o incluso negados (como la suciedad, la inmundicia, la porquería), juegan un rol determinante como agentes de atracción erótica27, el asco que el fascismo produce puede en cualquier momento convertirse en su contrario −de allí el carácter problemático del “no” en la fórmula “la vida no-fascista”. ¿No hay allí en juego algo afirmativo?
Sea como sea, no es cuestión de identidad: no se trata de enarbolar no sé qué pureza28. Ahora bien, ¿habrá que ponerse a repetir, una vez más, que nadie es inocente, que mejor ver la viga en el propio ojo y hacer un mea culpa? Alrededor de febrero-marzo de 1944, Pasolini, veinteañero esta vez, compartía con su amigo Luciano Serra sus impresiones acerca de la podredumbre del fascismo, aunque sin negar lo impuro en él mismo, sin ubicarse totalmente por fuera de la máquina ni recurrir a la autopunición: “la guerra hiede a mierda […] todo genera náuseas [… y] yo mismo soy lo suficientemente apestoso como para no sentirme ligado a toda esta mierda”29. Su no-fascismo no era antifascismo30. La vida no-fascista no es lo contrario de la fascista.
¿No es acaso entre la mugre misma que la vida no-fascista crece como un hongo? Pues, hay también todo un no-fascismo molecular, un vitalismo no-fascista, infinitesimal, “la posibilidad de una vida no-fascista” −como reza el título de un libro que acaba de salir31. Ese no-fascismo también logra colarse por nuestro decir y nuestros cuerpos, nuestros mínimos gestos, nuestras pautas de vida. Hay, así, vida no-fascista por doquier. Lejos de ser única, es multiplicidad, como la vida animal: hay una capilaridad de modos sensibles de existencia, de rarezas que, desde nuevas estrategias de lucha hasta modestos actos y discretas actitudes, hace a diario contrapeso al avance fascistoide, frenando el odio y la caza de brujas popular que el poder de varios modos patrocina.
De allí que, por más atroz que sea lo que se combata, la vida no-fascista puede llevar a cabo una práctica de la risa (de las lágrimas o la excitación erótica), de la alegría, incluso ante a la muerte: “que la vida se resuma y, por así decirlo, se confunda en orgía con la muerte”32, decía Bataille, quien en respuesta al brutal ascenso del fascismo fundó con otros Acéphale (acéfalo), tanto la revista como la organización secreta que existió entre 1936 y 1939, y a la que debemos la primera lectura no-fascista de Nietzsche33.

La vida no-fascista lejos está de la parálisis pesimista, de que nada queda por hacer. Es cierto que el discurso fascista por todos lados captura el malestar en la cultura, la disforia de este mundo donde todo el tiempo se nos hace la guerra, sea directamente o por medio de la gubernamentalidad. Pero también sucede que el fascismo no logra volver toda la energía revolucionaria en contra de sí misma: para decirlo en el vocabulario de Carla Lonzi, en cualquier momento puede ocurrir algo “imprevisto”34.
- Imagen tomada de
https://www.tate.org.uk/research/in-focus/heroic-symbols-anselm-kiefer/difficult-reception-occupations ↩︎ - Imagen tomada de
https://www.nationalgalleries.org/art-and-artists/124866 ↩︎ - Steven Henry Madoff, « Anselm Kiefer : A Call to Memory », ARTnews, vol. 86, no 9, oct. 1987, p. 129. ↩︎
- Citado en Heiner Bastian, Heroic Symbols (Heroische Sinnbilder), catálogo de la exposición, Galería Bastian, Berlín, 2008, p. 64. ↩︎
- Anselm Kiefer, « Keine Kühe und keine Wolken », Der Spiegel, Kunst, no 44, 30 noviembre de 2011, p. 119. ↩︎
- Citado en Axel Hecht, Werner Krüger, « Venedig 1980: Aktuelle Kunst Made in Germany », Art : Das Kunstmagazin (Wiesbaden), junio de 1980, p. 52 y por Mark Rosenthal, « Developing an Outlook: 1969 to 1973 », in Anselm Kiefer, catálogo de la exposición itinerante Anselm Kiefer, The Art Institute of Chicago, Philadelphia Museum of Art, The Museum of Contemporary Art – Los Angeles, The Museum of Modern Art, New York, 1987, p. 17. ↩︎
- “Preface” en Gilles Deleuze, Félix Guattari, Anti-Oedipus. Capitalism and Schizophrenia, University of Minnesota Press, 2000. ↩︎
- De las cosas más impactantes que Francisco de Sales plantea allí: que la amistad es el amor más peligroso de todos (Cf. San Francisco de Sales, Œuvres, tomo III, Introduction à la vie devote, Parte II, cap. XXXV). ↩︎
- Benito Mussolini, La doctrina del fascismo, Kamerad, 1932. Disponible en: https://editorialkamerad.wordpress.com/ ↩︎
- Ibid. El concepto materialista de felicidad le resulta imposible, se lo deja a los economistas de la primera mitad del siglo XVIII. ↩︎
- Investissement evoca, en el lenguaje militar, el hecho de sitiar una plaza (y no de ocuparla), y en el lenguaje financiero, la colocación de capital en una empresa (inversión). Sin duda este último sentido es el que ha prevalecido. El verbo alemán besetzen tiene muchos sentidos, entre ellos el de “ocupar” (por ejemplo, un lugar o, militarmente, un país, una ciudad); en un baño público, la palabra besetzt informa a los potenciales usuarios que está ocupado. Así, pues, los términos alemán y francés no son exactamente superponibles, y el francés parece inducir de un modo más espontáneo a comparar la economía libidinal que consideraba Freud con aquella de la que trata la ciencia económica. El traductor al español de El Anti Edipo, Francisco Monge, explica que, cuando se refiere a la Besetzung freudiana, ha traducido el polémico investissement por “catexis”, aunque en la forma verbal, además del barbarismo “catesizar”, ha utilizado por lo general la forma “cargar”, también clásica, a pesar de haberse sentido tentado de traducir como “ocupar”. Cf. G. Deleuze, F. Guattari, El Anti Edipo, Paidós, 2004, p. 7. En francés, se admite la traducción Besetzung por cathexis (algunas veces se encuentra: occupation). Cf. también la entrada “catexis” en J. Laplanche, J. B. Pontalis, Diccionario de psicoanálisis, Paidós, 2004. El traductor al español de Freud, López Ballesteros había traducido Besetzung como “catexis” (aunque en la versión de las obras freudianas de la editorial Amorrortu, José L. Etcheverry la tradujo como “investidura”). ↩︎
- No se traducen meramente conceptos o palabras, sino todo un entramado, un mundo de relaciones y de sensaciones, un ecosistema, en el que se mueve lo que se intenta hacer pasar. Quien (no) traduce (no) sabe (de) lo que se pierde (o está perdiendo). ↩︎
- G. Deleuze y F. Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia II, Pre-textos, 2004, p. 219. Cf. también “El odio de Troyes”, artículo de Guattari de febrero de 1976 recogido luego en el apartado “Micropolítica del fascismo” de La revolución molecular, errata naturae, 2017, p. 230 y ss. Allí analiza las reacciones del público frente al caso del francés Patrick Henry, proceso que sacudió a toda Francia y cuyo debate apareció en el diario Libération. Abolida la pena de muerte en aquel país, el público pedía que se volviera a aplicar con Henry, quien había raptado a un niño en la localidad de Troyes: al principio había pedido un rescate a los padres, pero finalmente lo mató. Interrogado al comienzo de la investigación como testigo, él mismo había exigido la pena de muerte para el culpable. El crimen es lamentable, dice Guattari, pero también lo es el “consenso o júbilo represivo” de la sociedad, su “placer fascista”, su “goce salvaje de punición”, reasegurador en la medida que sabe a quién culpar, que responde a la necesidad de rehabilitar urgentemente la identidad común, la imagen del hombre blanco-normal-adulto-civilizado-falócrata-pequeñoburgués, etc., a “
una legitimación del fascismo normal, el de todos los días, que está instalándose y tomando carta de naturaleza. […] exigir la restauración de la pena de muerte en Francia es algo tan nuevo y diferente como el fascismo en Chile; algo que requiere una reflexión original y formas de actuación adaptadas. El fenómeno del consenso microfascista (y al calificarlo así no considero que se trate de un fascismo a pequeña escala; sino como algo que resulta muy dañino porque gangrena todos los mecanismos de la vida cotidiana)”. De ese modo, se trata de captar y dar forma a todas las formas de microfascismo que conducen a una especie de racismo anti-jóvenes, anti-judíos, anti-mujeres, anti-maricas, anti-todos. El poder judicial, el poder ejecutivo y el conjunto de poderes del orden se legitiman por medio de todo esto. Lo que no quiere decir, podríamos agregar, que junto a reacciones similares ante sucesos notorios de ese tipo no se encuentren, una y otra vez, respuestas no-fascistas cuyos gestos desarticulan el odio y la violencia de los vecinos y el público en general. ↩︎ - “Los grupos y los individuos contienen microfascismos que siempre están dispuestos a cristalizar. Por supuesto, la grama también es un rizoma. Lo bueno y lo malo sólo pueden ser el producto de una selección activa y temporal, a recomenzar.” G. Deleuze y F. Guattari, Mil mesetas, op. cit., p. 15. ↩︎
- Bajo el seudónimo de Georges Peyrol: « Le fascisme de la pomme de terre ».
Cahier Yénan (N° 4, 1977) Hay una traducción al español realizada por Víctor H. Militello, disponible en: https://pdfcoffee.com/el-fascismo-de-la-papa-4-pdf-free.html ↩︎ - No es real que todo lo que la (extrema) derecha pone en cuestión o dice sea falso y que, por ende, sus adeptos sean simples crédulos idiotas. ↩︎
- M. A. Macciocchi, « Female Sexuality in Fascist Ideology », Feminist Review, No. 1, 1979, pp. 67-82. ↩︎
- Freud había cortado, en efecto, con la teoría degenerativa y hereditaria: “
Es el honor político del psicoanálisis −o al menos de lo que hubo en él de más coherente− haber sospechado (y esto desde su nacimiento, es decir, desde su línea de ruptura con la neuropsiquiatría de la degeneración) lo que podía haber de irreparablemente proliferante en esos mecanismos de poder que pretendían controlar y administrar lo cotidiano de la sexualidad: de ahí el esfuerzo freudiano (por reacción sin duda contra el gran ascenso contemporáneo del racismo) para poner la ley como principio de la sexualidad −la ley de la alianza, de la consanguinidad prohibida, del Padre-Soberano, en suma para convocar en torno al deseo todo el antiguo orden del poder. A eso debe el psicoanálisis haber estado en oposición teórica y práctica con el fascismo, en cuanto a lo esencial y salvo algunas excepciones.” M. Foucault, Historia de la sexualidad, I, siglo XXI, 2007, p 182. En efecto, en cuanto a la cuestión de la raza, Freud decía explícitamente que: “El inconsciente de Le Bon contiene principalmente los rasgos más profundos del alma de la raza, algo que en verdad el psicoanálisis individual no considera.” Sigmund Freud, “Psicología de las masas y análisis del yo”, Obras completas, vol. 18, Amorrortu, 1992, p. 71. ↩︎ - En efecto, el texto de Freud Psicología de las masas y análisis del yo, de 1921, se ha constituido en un análisis del fascismo en estado naciente tanto para Macciocchi, Deleuze y Guattari, como para Reich, Bataille o Lacan, una referencia ineludible para criticar el fascismo, tanto a nivel molar como molecular. ↩︎
- M. Foucault, Généalogies de la sexualité, Vrin, 2024, pp. 112 y ss. ↩︎
- La segregación, exacerbada en la pandemia, implica la prohibición de contacto entre unos hombres nobles (ricos, sanos…) y otros miserables (pobres, enfermos…). Es esa dimensión de la segregación y la concentración que Jacques Lacan una y otra vez ha señalado en relación con el fascismo ↩︎
- Entre otros, lo decía Aimé Césaire, citado por Frantz Fanon en Piel negra, máscara blanca, Akal, 2009, p. 97. ↩︎
- P. P. Pasolini, Dialogues en public, éditions corti, 2023, p. 148. Estas palabras resuenan, casi idénticas, en su poema «El hombre de Bandung» (verano de 1961-octubre de 1962). ↩︎
- Cf. “Tesis sobre la comunidad terrible”, Tiqqun 2, 2001: https://tiqqunim.blogspot.com/2014/01/terrible.html ↩︎
- Cf. emisión del 24/12/2019. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=DTXjKD-QXB0 ↩︎
- Como la Conferencia Mundial Antifascista en Porto Alegre (17-19 mayo de 2024) organizada por partidos como el PSOL y el PT: https://vientosur.info/conferencia-mundial-antifascista-en-porto-alegre-17-19-mayo/ o el Congreso Mundial contra el Fascismo, Neofascismo y Expresiones Similares, llevado a cabo en Venezuela, los días 11 y 12 de setiembre de 2024, con la participación de Nicolás Maduro, como puede apreciarse en su conferencia de clausura: https://www.youtube.com/watch?v=ASoeQdxdWzA ↩︎
- Cf. Georges Bataille, Textes se rattachant à « La structure psychologique du fascisme », Œuvres Complètes, II, Écrits posthumes 1922-1940, Gallimard, 1970, p. 164.
Tanto en La estructura psicológica del fascismo (1933) como en otros de sus escritos de la misma época, insiste con que el fascismo opera por un mecanismo de exclusión de cada parte innoble, ordinaria, abyecta, aunque no para arrojarla así nomás a la mera inexistencia. La exclusión crea, por el contrario, el valor positivo gracias al cual se vuelve posible disponer de violentas reacciones afectivas: “una carga excesiva pero difusa que caracterizaba a los individuos mientras que se integraban en un medio caracterizado como populacho [populace] es conservada y al mismo tiempo transformada en su contrario: se pasa sin transición de una existencia social informe (a nivel de la realidad repugnante) a una organización afectiva autoritaria que absorbe al individuo”. Su lúcido análisis se apoyaba en Psicología de las masas de Freud planteando que el fascismo histórico ha juntado elementos de todas las clases bajo la dirección imperativa de un jefe único, esta dirección suponía determinadas relaciones afectivas, sumisión, atracción e identificación con un jefe que quedaba situado en una posición de excepción, de amo, de dios. Cf. G. Bataille, « Le fascisme en France », Œuvres Complètes, op. cit., p. 207. ↩︎ - Cuando en noviembre de 2018 emergió el movimiento de los chalecos amarillos, los colectivos autónomos, libertarios y de “izquierda radical”, mostraron al inicio una gran reticencia a la hora de acompañar la insurrección que tuvo lugar en las calles y las rotondas de Francia, puesto que se decía que estaba lleno de fachos. Esa lógica binaria cayó al cabo de unos pocos días, tras evaluarse que, aun cuando en ese movimiento hubiera fascistas, no dejaba de ser importante mezclarse con ellos para juntos hacer frente al gobierno de Macron. ↩︎
- P. P. Pasolini, Correspondance générale, 1940-1975, Gallimard, 1991, p. 139. El olor a muerte, a disparos, a podrido, contrasta en esa carta con la primavera en los campos, las hierbas verdes, los brotes en los alisos, las flores celestes y amarillas, las estrellas en el cielo y el mar Adriático. ↩︎
- Cf. P. P. Pasolini, El fascismo de los antifascistas, Galaxia Gutenberg, 2021. Si hago referencia a pensadores que vivieron y problematizaron los fascismos del siglo XX, no es para repetirlos de manera anacrónica o acrítica, mucho menos porque crea que el fascismo actual es idéntico al de antaño: ha mutado, el no-fascismo también. Quizá tales pensadores puedan aportarnos hoy alguna pista que nos sirva para salir de la lógica binaria fascismo-antifascismo y de su geometría intuitiva del afuera y el adentro. ↩︎
- Y que recopila textos del escritor alemán Klaus Theweleit, La possibilité d’une vie non fasciste. Chroniques d’une Allemagne hantée, éditions météores, noviembre de 2024. ↩︎
- Citado por Michel Surya, Santidad de Bataille, Paradiso, 2023, p. 83. La santidad puesta en juego por Bataille es la de lo impuro, la del mal. ↩︎
- Cf. en el número 2 de Acéphale, “Nietzsche y los fascistas”, Caja Negra, 2010, pp. 35 y ss. ↩︎
- Cf. lo que en 1970 escribió sobre el “soggetto imprevisto” (sujeto imprevisto) en Escupamos sobre Hegel. Escritos de “Rivolta Femminile”, fem-e-libros, 2004, p. 54. ↩︎